¿CUÁL ES la diferencia entre mis gatos en junio y mis gatos en noviembre? Que en junio caminan desperdigados por los 75 metros de Maracaná, cada uno a su rollo, y en noviembre en cambio se reúnen en torno a mí porque enciendo la estufa. Tengo a los tres en dos metros cuadrados y me da por pensar de nuevo en la unidad. ¿De dónde procede la unión salvo del interés, la existencia de un enemigo o la lucha contra la injusticia? Cuando no se dan ninguna de estas tres causas no hay unión y aparece el individualismo ⇒aparece la variedad ⇒aparece la salud.
El cubo de las facultades gatunas
CÓMO ME afectarán los pormenores del deporte de elite que esta tarde, cuando he pisado sin querer a mi gato Broma (pero por culpa de él, que no sale de mis piernas cuando estoy cocinando) y él ha lanzado un maullido escandaloso, he pensado por un momento: “A ver si ahora Broma se pone tan vengativo como ayer se puso el jugador de los Pistons, Isaiah Stewart, y me persigue de por vida igual que a Lebron James”. Hasta me ha dado por esbozar un cuento sobre un gato que ensaya las más variadas represalias contra el dueño que le ha pisado, sin acordarse para nada de las veces que fue cuidado y alimentado por él. Sin embargo, no me ha pasado eso, qué me va a pasar si Broma es una delicia de gato que al de un minuto ya estaba de nuevo debajo de mis piernas.
Qué gato es Broma: os juro que de todos los que he tenido, lo mismo en Lauros que en Madrid, él es el cubo de las facultades gatunas, el más extraordinario que he visto. Tiene una característica que tenía Iratxe y que me gustaría que tuvieran todas las personas: la intensidad. Él todo lo hace intenso, lo mismo las cosas buenas que las malas. Incluso me ha sucedido, cuando trato de que no muerda o arañe a Lorca, que es una gata ya mayor que nunca se mete en líos, ¡que me bufa y me enseña las uñas, reivindicando su derecho de morder a los demás!
Si hay algo en pie, lo tira; si estoy durmiendo, me despierta; si le cierro una puerta, enseguida se pone a arañarla; cuando aparece alguien en casa, de inmediato se proclama su enemigo, pero luego es también el primero que desea hacerse amigo del extraño; en definitiva, es un gato alegre, vehemente, sociable, sano, lúdico, travieso, invasivo, generoso… ¡ya se me podían pegar cosas de él!
SOLÍA JUGAR con Broma con una cuerda azul, pero desde que le he comprado una cuerda naranja fluorescente, ya no quiere jugar más veces con la vieja. Ahora que le he comprado esta semana una cuerda amarilla fluorescente, la consecuencia inmediata es que tampoco quiere saber nada de la antigua naranja.
¿Será a causa de los colores, será que le gusta cambiar de cuerda, o será que le gusta lo nuevo? Sigo sin llegar a una conclusión. Qué supercapacidades tiene Broma, vuelvo a decirlo, este gato es sin duda la estrella principal de Maracaná, yo solo soy el puto número 2 a su lado. Ayrton Senna: “El segundo es el primero de los perdedores”.
LO MAL que lo pasaron mis tres gatos con los petardos que sonaron anoche en la calle a cuenta de la Nochevieja. Es conocido que los perros lo pasan muy mal; pero ojo que a los gatos tampoco les gustan nada las detonaciones. Aunque habría que ir de uno en uno: a Broma, por ejemplo, le incomodaron muy poco, a Kobe bastante y a Lorca la tenían tan desquiciada, que cambiaba de continuo de lugar en Maracaná, pues ninguno le parecía adecuado para esconderse.
Mi último pensamiento antes de morir
VAYA SUSTO. Había encontrado en una tienda de segunda mano unas estanterías Billy iguales que las de Maracaná, por lo que he comprado dos y le he dicho a la dependienta:
—No hace falta transporte: ya las llevo yo.
Aquí ha comenzado el infierno. Solo me separaban 500 metros de casa, pero ya en los primeros cien he notado que algo no iba bien en mi cuerpo por la zona de los pulmones, que no es la misma desde que cogí el COVID hace casi dos años. Cuando llevaba 200 metros ya iba con la lengua fuera, al de 300 ya iba muerta: aún así, como la burra genética que soy, he conseguido llegar a Maracaná después de subir los cuatro pisos con la estantería de dos metros.
En Maracaná me he desplomado y he perdido el conocimiento, aunque no del todo: como los boxeadores que reciben un golpe fuerte pero no un KO, estaba en el medio-sueño. Pensaba que me moría, sin duda, pero advierto al lector de que habré pensado eso unas doscientas veces en mi vida. Y entonces ha llegado lo mejor: ¿sabéis en qué he pensado cuando no conseguía respirar y creía que me iba a morir? ¿En Iratxe? ¿En mi padre? ¿En Astobieta? ¡No, he pensado en que el bol de mis gatos estaba a la mitad y si me moría no iban a tener qué comer, pues vete a saber cuántas semanas pueden tardar en descubrir el cadáver de un insocial como yo! Por eso, cuando me he recuperado un poco, he ido dando tumbos hasta el bol de mis gatos para cubrírselo de comida, además de llenar un balde de agua y abrirles un saco de cuatro kilos de Brekkies para que tengan provisiones para un mes. Diez minutos después de hacer eso, he empezado a recuperar mi respiración normal.
Luego me he dado cuenta de que lo más adecuado, si estoy a punto de morir, es abrir la puerta principal de Maracaná para que mis gatos puedan escapar, pero eso no quita un ápice a la belleza de mi gesto. ¡Me iba a morir y he pensado SOLO en mis gatos, jajaja! Llevo unas horas con una opinión de mí misma excelente, la mejor en años.
HA DICHO el Papa Francisco, el subrayado es mío:
Hoy asistimos a una nueva forma de egoísmo. Vemos que algunas personas no quieren tener un hijo. A veces tienen uno, y ya está, pero tienen perros y gatos que toman el lugar de los niños. Esto puede hacer reír a la gente, pero es una realidad. Tener mascotas es una negación de la paternidad y la maternidad y nos menoscaba, nos quita nuestra humanidad. La consecuencia es que la civilización envejece sin humanidad y es el país el que sufre.
Preocupadísima estoy, es que esta noche igual no duermo de la tristeza que me genera que mi país sufra y la civilización envejezca a cuenta de que tengo gatos en vez de hijos. Cuando además el Papa sabe como yo que con más gatos y menos humanos el planeta estaría mucho mejor.
INCREÍBLE CÓMO ha cazado mi gato Broma una mosca gigante. Este gato mío no es buen cazador, al contrario que mi gata Lorca, pero cuenta con una energía inagotable y es muy constante en su caza. Cuando ha aparecido la mosca ha tratado de atraparla de un zarpazo, pero ha fallado y lo ha vuelto a hacer seis, siete, ocho veces, de modo que la mosca ha comenzado a agotarse y a posarse, pero Broma apenas le dejaba tiempo para descansar porque ¡zas! de nuevo aparecía con su zarpa y de nuevo fallaba. Al final ha ganado por agotamiento: después de quince minutos de persecución, que para una mosca es como hacer el Tour de Francia al completo, la misma que al principio volaba a la velocidad de Lewis Hamilton ya no podía con el alma... ¡y Broma la ha cogido con la boca, sin ningún esfuerzo! Una vez cazada, se la ha llevado a la salita y allí no sé qué habrá hecho con ella.
Los gatos de Elena Garro
DE LO complejos y susceptibles que son los escritores qué mejor anécdota que esta. Elena Garro y Bioy Casares mantuvieron una amistad/romance durante veinte años. Elena Garro relata así cómo terminó:
Mantuvimos una amistad que se prolongó durante 20 años, pero de repente se acabó. Fue un gran amor y creo que fui el amor de su vida. Cuando me fui de México después de 1968 tenía cuatro gatos y no los quería dejar aquí. Me vino a la mente recurrir a Bioy y entonces le mandé mis bichitos en una caja por avión a Buenos Aires, porque sabía que era muy rico y tenía casas grandes donde acogerlos. Aceptó y dijo “los recojo a todos”. Los tuvo un tiempo en su casa. Sin embargo, Pepe Blanco me escribió luego que se los había llevado a una casa de campo, a una quinta, y los había dejado ahí. Me dio coraje. Él adujo que lo había hecho para darles más libertad. Yo, en cambio, me dije: “Pobrecitos de mis gatos”. El amor que sentía por él se secó.
Aquí no le puedo dar la razón a Garro. Yo misma tengo tres gatos y no se los daría a nadie: si me echaran de mi piso, me iría con ellos a otro piso más pequeño; si me echaran a la calle, me iría con ellos a la calle. Si Garro se desprendió de ellos y los mandó a Argentina por un período tan largo, señal era de que no le eran tan imprescindibles.
NO SÉ dónde he leído estos días que los gatos apenas sufren por nuestra ausencia, porque son animales tan enganchados al presente que, decía el reportaje, “tu marcha de casa se la toman como si se les escapara una mosca”, algo que al de un minuto ya se les ha olvidado. Este detalle me dejó muy contento por lo que se refiere a los míos y me hizo envidiarlos una vez más: qué maravilla que los gatos sean tan gaseosos, es una lástima que yo no sea como ellos.
Los gatos y los alemanes
Comencé a leer en Internet cosas de gatos, pero lo dejé porque se habla de ellos de forma muy general y los míos (los de cualquiera) se saltan los estándares. Las diferencias que existen entre mi gata Lorca y mi gato Broma son oceánicas: la una es rencorosa, conservadora, agresiva, territorial y malhumorada, mientras que el otro es un chiste de gato (de ahí el nombre), abierto, loco, desastre, juguetón, olvidadizo, metomentodo. Hasta cuando empecé a vestir de Vanessa, mi gata Lorca tardó mucho tiempo en aceptarme, ¡es una gata transfóbica!, mientras que Broma se portó de forma natural desde el principio. Y mi gato Kobe, por mucho que sea un gato menos exagerado en sus comportamientos, también es otro planeta distinto y un homoadicto de cuidado. Decir “los gatos” es como decir “los alemanes”: mejor vayamos de uno en uno.
Te comerán si no les das de comer
Cada contacto deja un rastro, de Connie Fletcher, se puede leer esto que da mucho yuyu:
Recibimos muchas llamadas de personas que son asesinadas en casa y sus cadáveres no se encuentran durante un período largo de tiempo. Cuando sucede esto, los animales ya han comenzado a despedazar el cuerpo porque no han sido alimentados en ese período. Es una evidencia que esa persona está siendo masticada por la mascota de la familia. Llegados a este punto, te digo que los perros son más leales que los gatos. Los gatos esperarán solo un mínimo período de tiempo y comenzarán a morderte. Los perros esperarán uno o dos días antes de que ya no puedan soportar el hambre. Por lo tanto, tenga esto en cuenta al elegir una mascota. ¿Sabes cómo te mira un gato desde el otro lado de la habitación? Te mira así para comprobar si ya has dejado de respirar.
Los gatos y la locura
ME OFRECIERON un gato y dije que no. Por dos razones. La primera es que el veterinario me advirtió de que el número de gatos límite para una convivencia pacífica son tres, número a partir del cual comienzan a aumentar hasta el vértigo las peleas entre ellos. La segunda razón la leí en el estupendo El amigo, de Sigrid Nunez: ahí se cuenta que un médico psiquiatra le dijo a Sigrid que tener muchos gatos era en ocasiones indicio de problemas mentales. Sigrid le preguntó a ese médico cuál era el número de gatos con los que traspasabas la línea entre empezar a estar loco o permanecer todavía dentro, a lo que respondió que "tres".
O sea que yo, por número de gatos, YA estoy para que me encierren (lo cual es absurdo, porque ya he decidido encerrarme yo). Pero si me mantengo en tres quizá pueda caminar por la cuerda floja de vez en cuando, dando el pego de que estoy dentro, como si formara parte (puag) de vosotros...
Nos quieren devolver
ME PASÓ algo triste cuando fui con mi gato Kobe al veterinario. Justo cuando llegué, una chica le estaba contando a la veterinaria que el gato que había regalado a su abuela, nueve días después de la compra, seguía sin dejarse tocar. Lo que le respondió la veterinaria me dejó espeluznada:
—Espera hasta dos semanas y, si entonces sigue sin dejarse tocar, vete a la tienda donde lo has comprado y pide que te lo cambien, porque lo más seguro es que sea así de arisco toda la vida.
Pensé de inmediato en mi gata Lorca, que seguía sin dejarse tocar un mes después de que me la regalaran, y todavía un año más tarde su primer impulso al verme era meterse debajo de la cama. Esta gata sigue tratando con mucha distancia a mis dos gatos sociables Kobe y Broma, y, si alguna vez la medio piso sin querer, se pasa diez días sin querer subirse a mi regazo, rumiando su rencor, como si la hubiera pisado queriendo. Pero nunca se me ha ocurrido “devolverla”, ¡y cómo lo iba a hacer, si es una gata igualita a mí, que también soy rara y rencorosa y no me doy a los demás!
Ya veis cómo trata la sociedad a los gatos que no se dejan tocar (a los humanos que no nos dejamos tocar tampoco se nos trata mucho mejor). Ese mismo día, cuando Lorca se me subió a las rodillas, se lo dije muy claro:
—Nos quieren devolver, Lorca. No les bailamos el agua y eso les jode mogollón.
Un mayuscugato
MI GATO Broma es el Messi de los gatos. Me pongo a jugar con él con la cuerda naranja y de pronto se la lleva hasta mi escritorio, donde la suelta y me mira con cara de quiero-jugar-aquí. ¡Quiere que juguemos donde está la estufa, aunque sea un sitio pequeño! Ya digo que este gato rompió todos los moldes, qué pena que no lo conociera mi padre.
Cultivo una superstición: solo nacen seres por encima del promedio a costa de seres que están por debajo de él. Debieron de nacer más de cien gatos muy bobos e infragatos para compensar la existencia de un mayuscugato como Broma.
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